lunes, 5 de diciembre de 2011

Por: Sofía Valdivielso Gómez

La igualdad como matriz de los nuevos paradigmas emergentes
Sofía Valdivielso Gómez
GEO/ICAE


FOTO: Claudia Pioli - Curso IALLA VI Montevideo, 2010

Los discursos sobre los nuevos paradigmas emergentes se presentan desde un marco genéricamente neutro y esto ejemplifica lo que Isabella Baker (2008) denomina “silencio conceptual” el cual se niega a reconocer explícita o implícitamente que todo cambio se produce en un terreno marcado por el género.
Estamos viviendo un momento histórico-social de reacción patriarcal, es decir, estamos en un momento de retroceso en la conquista de los derechos porque en el contexto actual caracterizado por la globalización económica y las políticas de ajuste estructural se pone de manifiesto que el avance en igualdad se ha ralentizado y en muchas zonas del planeta se ha retrocedido (Cobo, 2010). En gran parte de este pequeño planeta ellas siguen siendo abiertamente socializadas según los cánones de la mirada del otro y en una pequeña parte, la más rica, la más democrática y la más libre, esa socialización persigue el mismo fin aunque enmascarada bajo el discurso de la libre elección y la responsabilidad.
Hombres y mujeres elegimos en función de una serie de mandatos implícitos que todos los cuerpos normativos (familia, escuela, sociedad, religiones, leyes) se encargan de transmitir. Cuando niños y niñas comienzan su escolarización formal no cargan lo mismo en sus mochilas escolares. Las de ellas están llenas de mandatos para cumplir con lo que Amelia Valcárcel denomina la ley del agrado, mientras que la de ellos está llena de mandatos para cumplir con la ley del dominio. Ambos mandatos siguen perpetuándose por discursos heredados, legitimados y asentados socialmente como son el de la oposición de los sexos (todo lo que es masculino no es femenino y viceversa) y la complementariedad de los sexos (hombres y mujeres se construyen como partes complementarias, no como totalidades en si mismas)
El discurso feminista ayudó a las mujeres de la década de los 70-80 a centrarse en sus propios deseos y en su autonomía. Pero este derecho a la autonomía y autoafirmación se ha tornado en su contrario para sus nietas a las que se les vende como una forma de consumismo extremadamente mezquina que hace que se vean a si mismas como objetos e inviertan toda su creatividad y energia en ponerse guapas y ser aprobadas y admiradas por los otros y por las otras.
Pongamos un ejemplo, en la última década ha habido una explosión de la industria global del entretenimiento (juguetes, películas, música, videojuegos, etc.) a través de la cual se incita a las niñas a convertirse en princesas. Todas las niñas de menos de 8 años quieren ser princesas, todas quieren vestirse de princesas y para todas, su color preferido es el rosa. Aunque la princesa actual se presenta como una mujer “empoderada” activa, que toma iniciativas y que le gusta sentirse guapa, los mensajes sutiles de ser en función de la mirada del otro siguen siendo muy potentes. Así vemos a las niñas de 4-8 años vestidas de purpurina y soñando con ser cualquiera de las princesa salidas de la factoría Disney. El consumo de estos estereotipos es masivo en el contexto de las sociedades más ricas y democráticas. Entre los 8 y los 12 años el modelo que aparece en mayor medida es el de las Barbies y las Bratzs. Ahora ellas quieren vestirse como sus muñecas y la industria les ofrece lo que piden, la muñeca vestida y el mismo vestido para ellas. La estética es vestirse con leggins y minifaldas, calzarse bailarinas o sandalias de cuña, peinarse con coletas y melenas planchadas, pintarse las uñas y ponerse brillo en los labios. Una imagen muy sexualizada para niñas de 8 a 12 años. Todas quieren ser como sus muñecas y vivir la vida que todos los agentes de socialización (medios de comunicación, la industria del juguete, de la moda, del cine etc) se encargan de meterles en la cabeza sin que ellas puedan defenderse de todo ello y sin que nadie las proteja. No hay reflexión ni debate social sobre el condicionamiento al que esta generación de niñas está siendo sometida por la industria del juguete como primer paso para ser luego modeladas por la cultura de la imagen que las construye como muñecas bonitas y deseables para el otro. En este sentido Natasha Walter (2010) afirma:
“El viaje más largo que se espera de una niña sólo la lleva a recorrer el camino que hará que los demás la admiren por su físico y esto se hace a través de la retórica sobre la independencia y la libertad de ser una misma.” (Walter, 2010, 86)
Pongamos otro ejemplo, la naturalización de la prostitución, la generalización del porno suave, la proliferación de los clubs, se nutre de estos modelos de consumo masivo y se alinean con las tesis de la despenalización de la prostitución y su tratamiento como si fuera igual que cualquier otra industria. Para ello se produce un proceso de co-aptación del significado de determinados conceptos socialmente aceptados y se manipula su significado. Los discursos a favor de la regulación o legalización de la prostitución empezaron a usar palabras como “agencia” “libre empresa” y “decisión razonada” (Jeffreys, 2011) de manera descontextualizada produciendo con ello una enorme confusión terminológica al mismo tiempo que: legitiman a la industria global del sexo, convierten a los proxenetas en empresarios, colocan a los gobiernos en una posición cómoda al no tener que prohibirla. Además no pone en cuestión el pilar sobre el que se sustenta el contrato sexual de las sociedades patriarcales, a saber: el derecho de los hombres a pagar por sexo, a comprar el cuerpo de las mujeres y a someterlas a su voluntad. Los argumentos que ellas lo hacen porque quieren, que han tomado una decisión razonada, que es un trabajo como otro cualquiera ha generado millones de euros de beneficio mayoritariamente en manos de los varones y velado el argumento de que la prostitución es la expresión máxima de la violencia que se ejerce contra las mujeres. Esta industria global se alimenta de la trata de mujeres jóvenes a las que se les esclaviza. Los que las explotan, esclavizan y maltratan ya no son proxenetas ahora se llama empresarios del mundo del espectáculo y las chicas no son mujeres prostituidas sino trabajadoras del sexo.
El patriarcado es la raíz común de todos nuestros problemas actuales. Aunque aparentemente se haya debilitado sigue gozando de una enorme capacidad de penetración en todos los ámbitos de nuestras vidas. Está en la base de la mentalidad industrial, del capitalismo, de la trata de seres humanos, de la explotación de los recursos naturales, de nuestra incapacidad de vivir en paz, etc. Prueba de ello es la primacía de la competitividad sobre la cooperación, de la razón sobre la emoción, de lo masculino sobre lo femenino y del poder sobre el amor.
Los nuevos paradigmas emergentes y los valores que defienden deben ser trabajados desde la matriz de la igualdad. Sin ella, se convierten en aliados fundamentales de las teorías neoliberales que justifican sus acciones (despidos masivos, condiciones laborales de explotación, emergencia de nuevas esclavitudes o las mismas de siempre con otros nombres), basándose precisamente en ellos. Sin igualdad no hay autonomía para las mujeres para actuar libremente, sólo les queda la obligación de seguir construyendo sus identidades según los cánones del “contrato sexual” (Pateman, 1988) en virtud del cual los varones se construyen para sí y las mujeres para el otro. Es decir, para ellos el poder y para ellas la subordinación aunque esto en las sociedades democráticas y libres se haga de manera sutil
Los nuevos paradigmas deben emerger de la matriz de la igualdad. Es urgente educar en igualdad, co-educar. Significa intervenir intencionadamente reconociendo que hay dos sexos diferentes y esta intervención debe estar dirigida a la construcción de un mundo común y no enfrentado. El reconocimiento de la igualdad formal en los marcos jurídicos internacionales no significa que esa libertad se realice para ambos sexos. Para ello es necesario que este principio se convierta en un objetivo que se enseñe en todos los espacios de socialización en el que interactuamos los seres humanos. (Simón, 2010)

Referencias:
BAKKER, ISABELLA (1998) Dotar de género a la reforma de la política macroeconómica en la era de la reestructuración y el ajuste global, en ROSA COBO (2010): La nueva política sexual del Patriarcado y sus alianzas con la globalización capitalista
http://www.cnm.gov.ar/generarigualdad/attachments/article/449/Mujeres_sexo_poder_economia_ciudadania.pdf
COBO BEDÍA, ROSA (2011) Hacia una nueva política sexual. Las mujeres ante la reacción patriarcal. Madrid, Catarata
JEFFREYS, SHEILA (2011) La industria de la vagina. La economía política de la comercialización global del sexo. Buenos Aires, Paidós.
Título original: The Industrial Vagina. The Political Economy of the Global Sex Trade. Routledge, London and New York, 2009
SIMÓN RODRIGUEZ, ELENA (2010) La igualdad también se aprende. Cuestión de co-educación. Madrid, Narcea Ediciones.
WALTER, NATASHA (2010) Muñecas vivientes. El regreso del sexismo. Madrid, Turner Publicaciones
Título original: Living Dolls. The Return of Sexism. Virago Press, 2010

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